Si hemos de pecar, que sea de desconfianza

¿Cordero en tierra de lobos o lobo disfrazado?
Hace apenas unos días comprendí, a raíz de una experiencia personal que quiero compartir con el amigo lector, una de las la principales razones por las cuales hemos visto desfilar ya 10 administraciones por la Casa Blanca durante los últimos 50 años. Al mismo tiempo, me percaté de cometer uno de los errores más peligrosos en que puede incurrir un revolucionario: la ingenuidad.
Todo ocurrió durante un debate nocturno en el teatro del Docente 3. Un amigo que ya peina algunas canas nos hacía meditar sobre el papel de las nuevas generaciones de cubanos. Nos hacía comprender cómo nuestras acciones, aun en el pequeño espacio que nos corresponde, tributan directamente a un propósito mayor: la continuidad del proceso revolucionario. Y, transitando por esos caminos, llegamos a la toma te posesión del recién electo presidente de los Estados Unidos Barack Obama.
Grandes expectativas ha generado no solo entre nuestra población, sino en diferentes sectores de la comunidad internacional, la llegada al poder del demócrata afronorteamericano con sus promesas de retirar tropas, cerrar cárceles y revisar restricciones. Muchos pensamos que pudiera fomentarse un clima propicio para el diálogo político, el entendimiento común e incluso el mejoramiento de las relaciones bilaterales, pero aun no va más allá de eso: una mera posibilidad. No nos hagamos ilusiones prematuras.
Sus antecesores al poder trataron siempre de destruirnos por las malas: restricciones, bloqueos, leyes… Aun si la actitud de Obama fuera diferente, ¿quién garantiza que no haya optado por hablar con suavidad en lugar de llevar el garrote, pero con idéntico objetivo? De cualquier manera, ya tendremos tiempo para ver qué ocurre a partir de este 20 de enero. Decía Fidel en una de sus reflexiones que tampoco debíamos pensar que los deseos y posiciones de una persona inteligente lograrían cambiar de la noche a la mañana lo que han impuesto tantos años de política hostil.
Nunca los norteamericanos han tenido buenas intenciones con Cuba. Sería entonces un error pasar por alto esa lección histórica y vestir a Obama de cordero, porque podríamos estar enmascarando a un lobo. La mejor manera de prepararse para lo mejor es estar listos para lo peor, sentenciaba también el Comandante.
Ésa es justamente una de las claves esenciales de nuestra supervivencia, y una de las lecciones más importantes que debemos aprender de la dirección histórica de la Revolución. Si hemos de pecar, que sea de desconfianza y paranoia, no de ingenuidad.

