Volver

El tiempo, de la misma forma en que el mar lame pacientemente la roca una y otra vez hasta convertirla en arena, va moldeando nuestros recuerdos como un artista meticuloso. Por increíble que pueda parecer, y a pesar de la magnitud de los malos recuerdos, cuando menos lo esperas te das cuenta, así de golpe, de que solo los instantes de desasosiego, ira o dolor, quedaron a merced de sus olas.
Aquel lugar que fue testigo del momento más aciago, que pensaste ibas a retener inalterable eternamente, aparece ahora ante tu vista desfigurado por la bruma de los años, inexacto, equívoco, como visto a través de una lente empañada. Se te antoja tan inverosímil, que llegas incluso a cuestionarte si realmente existió, si en verdad viviste aquellos momentos oscuros cuyo sabor olvidaste, porque de ellos solo quedan algunas huellas dispersas en tu interior.
Los buenos momentos escaparon, por fortuna o desgracia, ilesos...

