Lenin sueña desde la ELAM con un mundo mejor

A 3 kilómetros y medio hacia el noroeste de la capital, siguiendo la Carretera Panamericana, se erigen con orgullosa modestia las instalaciones que una vez pertenecieron a la Academia Naval “Granma”, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
En 1998 los huracanes Mitch y George golpearon severamente a varios países latinoamericanos y caribeños; a raíz de ello, Fidel concibió la creación de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM). Resulta interesante cómo, mientras nuestro Comandante transforma centros militares en docentes –lo mismo ocurrió algunos años después con la base de radioescucha Lourdes y la UCI-, Bush recorta cada vez más el insuficiente presupuesto destinado a obras sociales en beneficio de su maquinaria bélica.
El objetivo principal del proyecto es la formación totalmente gratuita de jóvenes de esos países quienes, luego de 6 años, retornan a sus comunidades en calidad de médicos generales básicos para contribuir al mejoramiento de los diferentes sistemas de salud.
La ELAM cultiva, entre libros de anatomía y bioquímica, los sueños de integración por los cuales dieron sus vidas Martí y Bolívar; por eso, cada tarde, Lenin Vladimir Reyes sabe que puede hinchar plácidamente sus dominicanos pulmones con la brisa fresca que bate desde el norte, porque ya los pinos del litoral se han encargado de desinfectarle al viento cualquier microbio que nuestros queridos vecinos le hayan inoculado. Mientras tanto, Kerli, amparada por la sombra de una palmera, escribe en “portuñol” un poema inspirado en la obra gigante de esta pequeña isla y Johanna, balón por medio, se empeña en imitar los regates de Maradona.

