La tarde

La tarde…
La vida parece detenerse por momentos, entre dos luces, al caer la tarde. Cual amantes caprichosos, las copas de los árboles se empeñan en retener a los más perezosos haces de luz solar. El césped, reverdecido por las recientes lluvias veraniegas, despide un apenas perceptible vaporcillo tras el intenso día canicular. Una leve brisa juguetea desde el oeste con algunas hojas recién caídas, y saluda cortésmente a los escasos transeúntes que caminan tranquilamente. Los acordes de alguna alegre canción, distorsionados por la mano de la distancia, se confabulan con la risa despreocupada de un par de enamorados y el trinar de algunos retrasados gorriones, para unirse en inigualable sinfonía y conformar los ecos de una prodigiosa banda sonora natural. Todo alrededor se alista para dispensar a la tarde su merecida despedida. Las incipientes luces, preludio de la noche, comienzan a mostrar tímidamente sus rostros. Una singular alquimia de frescos y disímiles aromas perfuma el aire, conspirando para lograr la combustión de los sentidos...
... arrastra entre candilejas a la noche. ...
hasta que así, casi imperceptiblemente, va tendiendo la noche su oscuro manto sobre la tierra, para refrescar y renovar la vida luego del diurno calor asediante.

